Algunas veces suceden cosas
inesperadas, a veces hay que salir de la rutina, sin planes, solo una loca idea
que se materialice en un instante.
Te pedí que me acompañaras
casi asumiendo que dirías que sí, lo que no tenía previsto era lo travieso que sería
ese viaje.
Trafico ligero, ganas,
picardía y otras cosas. Me besabas con locura, te acomodaste de una forma tan sexy que la tengo grabada en mis recuerdos, mientras me besabas el cuello podía ver esa cadera que me hechiza y ese culo que enloquece mis deseos, me estiré
lo más que pude para estrujar toda esa delicia, intentaba manejar mientras mi
cabeza quería más besos, más caricias y más sensaciones. Nuestras lenguas
jugueteaban y tus manos y las mías ya estaban es nuestras respectivas
entrepiernas, podías sentir mis emociones firmes y yo podía sentir que ya
estabas escurriendo, tenía ganas de orillarme para poder hacer más que tocar e
imaginar, pero la carretera no te lo permite, abriste las piernas y un
delicioso aroma invadió mis sentidos, me volví loco. Procedí a hacer lo único que
me permitían hacer mis manos, toque esa parte que por las circunstancias
no podía lamer, pero vaya que ardía en deseos por comerte, fue suave y a veces
un poco tosco, consecuencias de hacer travesuras a gran velocidad, cerraste los ojos y te dejaste llevar, mi
mano se cansaba del repetido movimiento pero mi objetivo era hacerte terminar, no te contenías y gemías delicioso, me invitabas a no detener esa caricia, me provocabas moviendo esa cadera mi dedos entraban de repente en tu vagina llena de miel y tus dedos resbalaban delicioso sobre tu sexo, de pronto tensaste las piernas, levantaste las manos, arqueaste el cuerpo y en ese momento culminante en que mis dedos encontraron el momento. Gritaste fuerte y luego, un gemido apenas perceptible y rápidamente cerraste las piernas que
temblaban, sufrías espasmos y placer, un orgasmo a 140 km por hora en una carretera
con rumbo a noches increíbles...